miércoles, 22 de julio de 2009

POR EL MÓVIL MUERE EL PEZ (SOBRE TODO EL BESUGO)

Hola compañeros de blogipecias. Vuelvo a ser yo. Esto hace mucho que no me pasaba porque he estado fuera de juego por causas ajenas a mi dirección. A ver, no es que me haya dado a las drogas (al menos no voluntariamente, que si lo he hecho ha sido por prescripción médica), es que tras cerca de cuarenta años (pero aun más cerca de treinta y cinco), estando siempre sana como una golden australiana, he dado con una mala racha en la que lo he pillado todo, y cuando digo todo me dejo tan solo las venéreas más escabrosas.

Si no he escrito antes ha sido porque no me pillaba en la postura buena, y porque, hay que ver lo que es el cuerpo: teniendo tiempo como he tenido, no he tenido ni pizca de ganas. Sin embargo, miradme ahora, currando como una afroamericana, de nuevo insomne sin empalmar desde hace siglos cuatro horas seguidas de sueño, y de nuevo a la tecla que llevo cuatro líneas y se me queda pequeño el metafórico papel y lentos los dedos sobre las teclas.

Si son ciertas la teorías de Darwin y las especies evolucionan solo a base de hacerse fuertes, entonces en mi familia estamos destinados a perdurar, porque somos lo que se llama un clan bien organizado con sus miembras especializadas cada una en la disciplina para la cual derrocha más talento (como los Ángeles de Charlie pero en versión cosanguíneo). Expongo: mi hermana es la especialista en hombres terriblemente guapos y mucho más jóvenes que ella (es la Demi Moore de la familia sobre todo en lo referente a su colección de Aston Kutchers), yo en conocimientos absurdos de dudosa aplicación (por ejemplo, ¿sabíais que el guano peruano más cotizado, lo que vendría ser el Channel del guano peruano, no viene de Perú si no de Indonesia? Pues la próxima vez que tengáis que aprovisionaros de guano, haced el favor de mirar la etiqueta). Y mi madre es la experta de la saga en las últimas altísimas tecnologías con conocimientos suficientes como para poder utilizarlas (ella, el Inti y el C de la Cru son las únicas personas que yo conozco del mundo mundial que además de leerse, se estudian los manuales de instrucciones, a veces en dos o más idiomas). Mi padre vendría a ser el Charlie de la familia, porque como bien sabéis los fieles lectores míos que aun permanecéis al pie de la letra pese a mi silencio, él sólo colecciona virtudes.

En fin, que como mi madre no tiene hipoteca y tiene medios, siempre está a la ultimísima en todo lo tecnológico y gracias a su generosidad invirtiendo en este su vicio, los demás disfrutamos de dispositivos ultra modernos y sin caducar de MP3, ordenadores portátiles, cámaras digitales y teléfonos móviles que ella repone constantemente sin el menor temblor de pulso en la firma de la tarjeta del Cortinglés.

Yo antes tenía un discreto y ligerísimo Nokia negro con banda fucsia, que en total medía medio centímetro de espesor. Mi Nokia sonaba potente y cabía pegadito a la Black Berry del curro en el bolsillo trasero de cualquier vaquero aunque fuera pitillo y aunque fueran dos. Pero entonces heredé un teléfono móvil nokia blanco y rosa de unos cuatro centímetros de ancho, que se abre como un sandwich con el queso pegado por un lado, que yo solo había visto primero en el Vogue y luego en las manos de mi madre. Y yo regalé el mío al Inti que había perdido el suyo al arrancar con exceso de reprís su moto. El caso es que la herencia es rosísima y preciosa pero suena tan bajo que no lo oigo jamás pese a llevarlo colgado al cuello, golpeándose con la BB como si fuera un cencerro de Ciencia Ficción, porque necesitaría una riñonera generosa de las de Uralitas Caminero para poder llevarlo a mano en la cintura. Eso sí, en lo que es eficaz como ninguno es en la alarma despertadora, que mi madre programó con una bonita cancioncilla brasileña, evocadora, sabrosona y dulce, que la despertaba a ella con muy buen rollito en sus mañanas israelitas del verano del año pasado, y que sin embargo a mi me ha hecho aborrecer desde Carlinhos Brown hasta la Caipirinha.

Así que noche tras noche últimamente me acostaba haciéndome la longui sin poner el despertador y dispuesta a pasarla en vela. Y mañana tras mañana, como buena insomne de libro, me quedaba dormida a la hora en que sonaban todos los despertadores de todo el mundo menos el mío. Gracias a mi convalecencia, me he estado haciendo la loca quedándome en la cama sin mover siquiera los pulmones para no parecer despierta mientras la casa se iba evacuando. (Advierto que ultimamente mi casa se evacua muy muy rápido, porque mi niña está de vacaciones fuera del hogar materno y el gato Machín de mis amores murió tras haber agotado como unas trescientas doce vidas, de las siete que le correspondían).

Pero ya no estoy convaleciente y hoy me ha tocado madrugar para ir a trabajar. Precavida y dispuesta a darlo todo de mi parte y harta de las noche en vela y sus consecuentes ojeras que me echan encima los años que no tengo, ayer noche cené copiosamente compartiendo con el Inti tête à tête (que para los que no sepáis francés significa cabeza con cabeza y no lo que parece) dos botellitas (¡que no brik!) de un heladísimo Lambrusco de a tres euros en el Carrefour (Cruela, corre que aun llegas a la oferta). A la una caí en la cama y a y media ya estaba sumergida en un coma profundo. Pero se vé que necesito ingerir como mínimo tres veces más cantidad de alcohol para darle a mi cuerpo la paz que me reclama, porque a eso de las cuatro de la madrugada ya andaba yo de nuevo alerta, dando vueltas primero a los sesenta y siete centímetros (coma cinco) de colchón que me corresponden cuando duermo acompañada, y un ratito después como alma en pena por la casa.

A las seis de la mañana desistí y volví a la cama. A las siete desistí y cerré los ojos. A las siete y cuarto se ve que desistió el insomnio y me quedé dormida. A las siete y media sonó el despertador del Inti (ya os digo que yo ya ni programo el mío). Ipso facto, yo comencé a llorar y supliqué como una nenaza media horita más de cama. El Inti me engañó y añadió cinco minutos. A y treinta y cinco volvió a sonar, yo lloré y supliqué nuevamente y el Inti añadió otros cinco minutos. A y cuarenta sonó de nuevo y ya ahí ni lloré ni nada, me hice directamente la muerta, tan requetemetida en mi papel, que mientras tanto él se duchó, se peinó y se vistió y yo ni me dí cuenta. A las ocho gritó a mi oido “¡que me voy!” y yo entré en pánico porque como aun estoy un poco débil, dependo de su conducción para salvar los treinta y cinco kilómetros de M50 que nos separan a ambos del trabajo. Así que sabiendo que en cuanto a puntualidad él es hombre tajante, serio e inflexible y consciente de que me he tirado tres semanas sin pisar la oficina sumados a otros seis meses más que le precedieron y que hace tiempo que no justifico mi sueldo; pues casi me ha dado un infarto simultáneo al reflejo de ponerme de pie a toda leche, saliendo disparada de la cama para estrellárme todo a una con lo que tenía más cerca en línea recta: la pared.

Así que hoy he vuelto a la oficina con unas ojeras que llegaban hasta el suelo por la falta de descanso, y hasta la mesa de mi compañero por efecto del golpazo. Y en medio de ellas, dos heriditas que eran mis ojos aguantando sin cerrarse por amor de la cafeína.

Pero en fin, y ya que estamos hablando de móviles, quiero dejar aquí constancia de unos consejillos que son de vital utilidad con respecto al uso y abuso de los mismos.

Vaya por delante que creo que mentir está muy muy feo, y engañar a las personas que uno quiere además de estar feo es la mejor manera de mentir y engañarse a uno mismo. Vaya seguidito que no mentir no significa contarlo todo hasta quedarse sin pizquita de intimidad: doy por sentado que todos somos lo necesariamente inteligentes a la par que prudentes como para subsistir en la jungla humana con discreción y consideración al ajeno (uno puede anunciar que viene del baño sin hallarse en la obligación de hacer un informe detallado de cantidad y consistencias, eso depende del buen gusto de cada uno). Y vaya un poquito después que en lo tocante a lo pendón, yo hace tiempo que he salido del armario y no tengo nada que ocultar a nadie, y gracias a eso puedo descuidar mi móvil con absoluta tranquilidad y despreocupación, no como otras. Unos me quieren como soy y otros no. Como a todos y vivo felizmente con ello.

Pensad que os lo digo con todo el cariño de observadora (a veces en carne propia) de la torpeza ajena.

Hombres y mujeres infieles que vais a obviar mis consejos previos y os vais a dar al adulterio con temor a ser descubiertos y sin ninguna intención de confesarlo, sabed que mientras tengáis móviles estáis vendidos. Como mucho podéis torear con cierta dignidad el desastre inevitable.

PASE UNO: Los mensajes se borran. Se leen, se disfrutan Y SE BORRAN. No intentéis memorizar las palabras (sirve de más la tabla periódica y a estas alturas tampoco la sabemos). No releáis y releáis y conservéis como único tesoro el SMS flagrante. Tarde o temprano olvidaréis el móvil en un sitio inadecuado y ¡ZAS! estaréis perdidos.

PASE DOS: Y esto es utilísimo para las que A) no seáis capaces de borrar las palabras de vuestro amado. B) Tengáis factura. Amigas mías, el Fulanito, objeto de vuestros amores, nunca jamás puede llamarse Fulanito en vuestro movil: JAMÁS!. Deberá ser Verónica, Carolina o Patricia. Cualquier nombre de amiga lo suficientemente común como para poder ser una o varias de cualquier elenco femenino, pero que sin embargo no figure en vuestra agenda. Así el mensaje tipo “Tesoro, ardo en deseos de verte y se me hace eterna la espera hasta volver a disfrutarte” carecerá de interés si va a parar o proviene de Rebeca, en lugar de ser causa de ipsodivorcio si el remitente fuera un tal Paco o David por poner un ejemplo. (Inciso: esto es imprescindible si tenéis uno de esos retoños rayanos con la adolescencia, de los que flipan con los móviles pero aun no disponen de uno propio. No dudéis de que antes de que termine de pitar el mensaje, la criatura lo habrá abierto y estará leyéndolo en viva voz sin omitir remitente y sin considerar ni un pimiento los oídos que ejerzan de testigos). No olvidéis: el remitente lo ponéis vosotras. Ningún hombre conoce el nombre de toooodas nuestras amigas y conocidas, (a veces ni nosotras mismas) y normalmente (salvo excepciones contadas) entre nosotras tendemos a ser cariñosas (de palabra incluso cuando no lo somos de pensamiento)..

PASE TRES: Compraros un móvil baratísimo con tarjeta prepago. Os ahorrareis la factura que refleja esas llamadas a horas extrañísimas que se repiten con insistencia siempre al mismo número mientras se supone que sufríais horrores en un viaje y/o reunión de trabajo y/o familiar. Utilizadlo solo para llamar al número en cuestión y nunca a ningún otro número que figure ni en la agenda ni en la memoria de vuestra vida oficial. Y no lo cojáis cariño. Prepararos para despegaros de él diciendo, “anda pero que chulo, pues que va no es mío” en cuanto caiga en manos no deseadas.

PASE CUATRO: Si pregunta por vosotras un número que no identificáis en pantalla extremad las precauciones. Ejemplo:

6XX XXX XYZ: Nananino, nananino, nananinoní (Es un Nokia)
Amiga A: “¿Si?” - Despistada
6XX XXX XYZ: “Hola ¿Amiga A?” - Muy educadamente.

El error:
Amiga A: “Si soy yo” - Con la guardia baja
6XX XXX XYZ: “¿Qué tienes tú con mi Paco? ¿y que es eso que dices que vas a hacerle en el puente de mayo? (1 y 2 de mayo coincidiendo con fin de semana para los naturales de Madrid, tampoco confundir con lo que parece). Como vuelvas a llamarle o enviarle un mensaje me planto en tu casa y te saco los ojos” - Y me autocensuro porque podéis imaginar el resto.

En estos casos lo adecuado es:
Amiga A: “¿Perdone?” - Relajadamente
6XX XXX XYZ: “Es usted la amiga A?” - un poco insistente
Amiga A: “No, ¿por quien pregunta?” o “No, ¿quien llama?” - prudentemente
6XX XXX XYZ: “Soy una amiga” - si tiene pocos recursos o “soy una compañera de trabajo” - si tiene alguno más o “le llamo del Carrefour” - si es un bicho.
Amiga A: “No disculpe, me parece que se ha equivocado”

Y aquí paz y después gloria. El único riesgo es perder una oferta del Carrefour.

En fin, insisto que esta es mi personal observación de las circunstancias ajenas, o propias como corneada que se ha visto sin querer con un mensaje inoportuno en móvil impropio pero de confianza o con una factura común absolutamente marciana, porque cuando una llega a estas edades colecciona de tó. Pero estoy segura de que me faltan consejos y experiencias que vosotros mismos podréis completar de vuestras observancias propias.

No olvidéis la máxima: el amor puede no durar toda la vida, pero vuestro ex sí.

5 comentarios:

Cruela dijo...

Así me gusta.... ya te dije que ello valía un post... y lo has hecho con arte
Evidentemente a mi no me pasó nada de ello... o ¡Sí?...
El móvil es un arma de destrucción masiva para parejas, yo me sé de varias casos donde fue el detonante de veda abierta hacia una pensión alimenticia...
lo de tener un segundo móvil para excarceos no lo veo mal pero tiene el problema que lo tienes que esconder siempre porque sino viene la pregunta de y ¿Por qué tienes tu otro móvil?, y tienes que estar atenta a dos móviles, yo que no suele escuchar el mío propio, me da que sería un dolor de cabeza..
en fin que una también ya tiene edad así que....
Besos y sigue actualizando
PD yo el lambrusco lo compro a 2.5 el que tiene la etiqueta como atravesada en plan Miss

jopeana dijo...

Atendiendo los consejos de Cruela he venido a visitarte. Me ha encantado el post, sobre todo la primera parte, descripción familiar genial. Volvere!
Besos.

Ellyllon dijo...

Irma, ya sabes de mi ignorancia y ni siquiera me molesto ir a San Google, te prefiero a tí... qué es el guano peruano? jajajaajajajaajajaajajaja

Menuda tesis sobre la infidelidad y los móviles!
tienes razón en todo!
Yo siempre he sido de las de guardar los mensajes, y me ha ido bien jajaajajajaajajajaja

Un besico y me alegro que ya estés mejor!
Elly

IRMA dijo...

Chicas que gustillo, leeros de nuevo en casa.

Un saludo a Jopeana, muchas gracias a todo, me encantará que vengas a casa siempre que quieras, igual que me gusta ir a la tuya a disfrutar de tus dibujos.

Elly guapa! que alegría!. Te cuento, el guano es la caca de las aves marinas del pacífico (que es especial por las condiciones climáticas de la zona) y que resulta un fertilizante natural estupendísimo. Se llama peruano porque Perú comenzó a comercializarlo sobre 1800 y pico y vamos, creó un imperio de la exportación del asunto. Pero resulta que es mejor aun la caca de los murciélagos que la de las gaviotas, y también se le llama guano. Y donde más y mejores murciélagos productores hay es en Indonesia. Hete aquí la respuesta.

Cru, a ti no te digo ná que no paro de hablar contigo.

Besitos.

DINA dijo...

Guapaaaaaaaaaaaaaa, que alegría más grande que hayas vuelto, y qué buen rato me has hecho pasar. Veo que no has perdido ni pizca de arte y gracia... Me alegro mucho.

Sobre tu disertación sobre infedelidades vs móviles... chica que pereza ser infiel !! Hay que tener en cuenta tantas cosas, y estar tan en tensión que no sé yo si compensa el polvo con las cervicales doloridas, que ya sabes que la tensión ataca sin piedad esa parte del cuerpo tan delicadita.
Yo con lo despistada que soy, fijo que me dejo todos los mensajes, pongo los dos móviles a cargar y encima acabo con diarrea de los nervios por estar engañando. Mejor soy fiel y miro con quien !

Besos mi amor, me alegro que hayas vuelto. Ahora no te vayas,eh ???