martes, 11 de septiembre de 2007

YO QUE SOY TAN PROGRESISTA Y MODERNA

¡Qué bonito es septiembre!. Esa época del año que lejos de oler a final de algo, siempre huele a principio de. La época de los buenos propósitos, de los “de este año no pasa”, del campo tornando a colores ocres, de los atardeceres a las ocho, de un día soleado inesperado alternando con otro fresquillo soplando en la cara, de volver a ponerse el jersey de cuello alto y ochos, de las setas con y sin gusanillos en el campo y no en las latas; de la vendimia y de las chuletillas porque ya no hay riesgo de calcinar el campo, la época de corzo en las tapitas del Pardo… Y sobre todo, de mi vuelta a mi vida civil con niña, que es algo que a mi me encanta.

Bueno pues septiembre ha llegado y de nuevo mi niña marcianilla se ha convertido en la estarlette de mi vida sin desmerecer otras aficiones. Esta temporada además estrenamos etapa educacional en primarias (gen santa, no quiero ni imaginar las aventuras que me deparará este año con el equipo de atención temprana, la nueva tutora aun a estrenar y los psicólogos ya estrenados de varios años anteriores). Y es que su madurez de los seis añazos se va notando en esto, en el desembolso en concepto de equipamiento (llevo unos 465,83 euros aproximadamente) y en las largas conversaciones infantiles en las que ella va demostrando su interés infinito por el mundo, y yo mi poquito sentido práctico que le va a acabar causando un trauma de proporciones desorbitadas.

Porque, yo, como todas las madres modernas, intento educarla desde un guión pensado, diseñado y planificado en su momento para que no me pillara en bragas. Y mi momento fue cuanto el Predictor se tiñó de rosa en mi cuarto de baño, igualito igualito que en la canción de Sergio Dalma. Yo vi el “que sí” en la torunda y ya empecé a darle vueltas al asunto del cómo me la maravillaría yo para mostrarla un mundo ilimitado, donde pudiera ser quien ella quisiera, donde consiguiera y pensara sin más límites que la creatividad y la tolerancia… un mundo libre sin prejuicios donde no sintiera miedo de ser ni de comportarse de manera diferente a todos a cambio de un poquito más de felicidad.

Pero ahora echando la vista atrás, me percato de que he sido y soy una madre de lo más ambigua. A mi, mi niña me pregunta si se pueden comer las cáscaras de los mejillones y yo la respondo que sí, que claro que se puede, pero que está muy dura, que es bastante indigesta y que a veces guarda bichitos en unas pequeñas formaciones calcáreas. Y claro, hasta que mi niña no ha mordido la concha y se ha dejado medio diente, no sabe si del mejillón se come solo lo naranja o también lo negro.

Y este del diente es un daño bastante venial comparado con el cacao mental que me tiene la pobre a estas edades con los asuntos sentisexuales del libre amor al amor libre, con el tema de la guerra y los ejércitos y con los conceptos religiosos (mis ex suegros, tan píos ellos, intentaron enseñarle la bonita oración de los Cuatro Angelitos en una cama, y mi niña lo repetía tan libremente adaptado que acababa diciendo unas blasfemias que le habrían chirriado en el alma hasta al mismísimo cura del Exorcista). En fin, que ser una madre roja de mentalidad abierta, pacifista y atea es una cosa de complicadísima aplicación.

EL CONCEPTO SENTISEXUAL

Mi niña sabe que sus papás se divorciaron y que a muy poco de este evento, papá ya tenía una novia y mamá un millón de amigos con los que así más fuerte poder cantar. Y en mi caso, ya os digo yo que el dato no es del todo exacto y que me va poniendo en unas situaciones, dejémoslo en pelín comprometidas.

Como ya he comentado en otras ocasiones mi casa no es muy grande pero si es muy espaciosa. Esto se debe a que la compré y reformé imbuída del típico espíritu postdivorcio que a mi me cogió con una maza en la mano derribando tabiques mientras ponía a dios por testigo de que en mi vida jamás se realojaría otro nadie ni de coña. Fruto de este momento queda nuestro lindo hogar en forma de casi loft, con las paredes justitas para cerrar el cuarto de baño, la habitación de mi niña, y la mía propia (afortunadamente sobre todo esto último). Lo que hasta mi llegada era un práctico cuarto de invitados se quedó reconvertido en el office de la cocina colindante con el salón. Poco me importó entonces que mi sofá no fuera cama y sí bastante incómodo. El caso es que ahora, cuando alguna de mis buenísimas amigas como por ejemplo mi hermana, viene a mi casa y se queda a dormir, lo hace en el único sitio donde hay una plaza que, en principio, no requiere de atención médica posterior: mi cama doble.

Mi niña que además de la educación propia que yo la doy, recibe otra muy vasta y extensa de esos otros edificantes sitios como su cole pijo o la tele, me cuestionó durante un viaje, si dos mujeres pueden casarse. Y a mi se me iluminó la cara pensando en que pocas posibilidades tendría tan a huevo de colaborar a la formación de su espíritu libre y tolerante. Así que sin mentir ni un pelo, respondí la verdad: que naturalmente y que por supuesto que sí (porque de momento y hasta que el Pepe vuelva al gobierno con la teoría etílica de las manzanas y las peras, poderse, se puede).

Y ella con su duda resuelta pasó a la siguiente cuestión, preguntando si yo pensaba casarme con mi amiga Olga o no (y lo dijo llena de ilusión). Olga es una buenísima amiga mía a la que mi niña adora. Ella vive cerca de mi casa, no tiene responsabilidades contraídas con nadie que la espere nunca a hora fija en su casa, y al igual que yo, duerme poquito. Así que no es del todo infrecuente que algunas tardes, a su salida de trabajar, se pase por mi casa y nos entreguemos al divino arte de la cervecilla bien conversada sin control sobre el reloj que marca las horas, y que dando las tantas y un pelín, decidamos que casi mejor ya no coja el coche y se quede a dormir en nuestra casa.

Un poco menos ilusionada por la posibilidad de la respuesta que con la primera pregunta, me tiré en plancha a la explicación honesta: que no me iba a casar con Olga por dos razones, porque no quiero casarme y porque yo a Olga la quiero mucho, mucho, pero no como a una novia, solo como a una amiga. Por si acaso, aun sabiendo que era innecesario y que no tenía naaadaaaa que ver con su duda, añadí que como en casa no tenemos más camas que la suya pequeñita donde duerme ella y la mía grande donde duermo yo, pues que cuando Olgui se queda a dormir en casa lo hace conmigo porque resulta más cómodo para todos. Y mi niña lo entendió perfectamente.

Tan bien lo entendió, que cuando mi niña empezó a coincidir con el Inti por las mañanas en el baño, yo ya no tuve que explicarle nada porque ella asumió desde el primer momento que era otro amigo mío con el que yo tampoco tenía ninguna intención de casarme, y yo me refugié bien calladita en el grandísimo alivio de no tener que solventar ningún otro interrogante. La confirmación de su claridad de ideas la tuve un día en el que yo me desperté indispuesta como para no tenerme siquiera en pie y fue el Inti quien se encargó de hacer la entrega de mi retoño en el colegio. Mi niña, encantada con la novedad, subía las escaleras de acceso a las aulas de dos en dos contando a todos los niños que quisieran oírle (y a sus padres que salvo alguna excepción, no suelen ser sordos) que “hoy mi mamá está malita y me ha traído un amigo suyo de los que se quedan a dormir en su cama porque es la más grande” (mismamente, como la difunta Jura'o). Como ya imagináis todos, en mi cama sí se han quedado a dormir varias amigas estando mi niña en casa, pero hombres ya os digo yo que solo uno y casi siempre acojonadillo y rezando para que mi retoño no se despertara por la noche. Porque es un hecho sabido por todos, que los hombres ajenos en cama propia son absolutamente incompatibles con el niño propio pero no del hombre ajeno. Y que si acaso llega a entrar uno, suele tratarse de una muy rara avis más que digno de exposición. Hablar de hombres múltiples no ha lugar porque no son frecuentes en la realidad y solo suelen existir en algunas películas americanas.

Sin embargo y gracias a esta educación un poco libertaria (y por lo que veo muy libertina), mi niña ha aprendido muy bien a no hacer distinciones en cuestiones de género… y hasta que su tutora no me comentó sonrojada este episodio anterior, yo no podía entender porque las madres de otros niños me miraban con recelo y los padres con ojitos curiosos.

Yo pensé que en fin, que estas son cosas de niños, que qué rica mi hija y no le dí más importancia. Pero mi niña es niña, y como a todos los humanillos de su edad, le encanta todo lo que se sale de su rutina habitual porque tiene saborcillo a cumpleaños y navidades, y que se quede alguien a dormir en nuestra casa para ella es de las cosas más chulas que pueden ocurrir en el mundo. Libre de prejuicios como es ella, durante un tiempo le dio por preguntar a todo el mundo que pasaba por casa si quería quedarse a dormir con nosotras. Y cuando digo todo el mundo, me refiero a todo el mundo, incluyendo:

Al presidente de esta mi comunidad de vecinos cuando vino acompañado de un fontanero primo de un primo, a cambiarme un par de llaves de radiador. En aquella ocasión mi niña estaba cenando y encantada por la visita, enseguidita pegó hebra con él. El presidente mientras tanto intentaba liquidar su conversación con mi niña e iniciarla conmigo. El fontanero fontaneaba, el presidente supervisaba y mi niña charloteaba con la boca llena de cena. La cosa iba con pausa y apuntaba para eterno y yo intentaba que mi niña terminara de comer, el fontanero de fontanear y que el presidente dejara de presidir y todos se largaran a su casa, salvo mi niña, que sólo tenía que irse a la cama. Cuando sugerí muy educadamente al presidente que podía volver al amor de su hogar y de su señora propia, que ya me las apañaba yo solita con el primo de su primo sin necesidad de sus servicios, mi niña con la boca llena de Petit Suisse preguntó sorprendida si este señor no se iba a quedar a dormir en casa. Yo sin dar la oportunidad al presidente a abrir siquiera la boca dije que de eso nada, que este señor tenía su casa y bien cerquita y que de hecho ya se estaba yendo.

Entonces ya sí me ví en la obligación de explicar que si bien la hospitalidad es una gran virtud, no todas las personas que vienen a casa por la tarde noche lo hacen para dormir conmigo, que algunos lo hacen solo para trabajar, otros solo para cenar, otros para charlar un ratito… y que lo normal es que acabados estos quehaceres cada uno se vuelva a su casa. Pero yo intuyo que no se lo creé del todo y que al final a ella no le deben de cuadrar tanto las cuentas. Mi niña a la que yo tanto adoro y que tanto me adora a mi, se está haciendo mayorcita y ha cogido la costumbre de prepararme un cafetillo con su cafetera y sus tacitas de juguete cada mañana al levantarme. Últimamente cuando abre la puerta de mi habitación por la mañana me pregunta si hoy pone una o dos tazas, y si yo contesto siempre y todos los días que una, es porque sé que al Inti le gusta tomarse su café con leche en el bar.

EL CONCEPTO MILITAR

Y es que mi niña entiende lo que dice el mundo, pero le faltan los matices que yo no suelo explicarle porque nunca son tan importantes, y porque ya se encargará la edad y el tiempo de irla contaminando. Como este verano, por ejemplo. El primer día de vacaciones que tuvo que ir a Faunia (que es algo que le gusta aun más que tener invitados durmiendo en casa), cuando yo fui a despertarla con las palabras mágicas de “Cariiiiñoooo, hoy vas a Fauuuuuniaaaaa”, ella se levantó de la cama como expulsada con un resorte y a las dos nos pareció muy divertida su reacción espitada. Ya desayunando ella reía recordando la gracia, y me comentaba, “jo, me he levantado super rápido, como una mujer de compañía”. A mi se me pusieron los ojos como platos y a punto estuve de escupir su café imaginario que yo saboreaba en ese momento, y de volcar su tacita de porcelana de juguete. Como intuyó por mi reacción que yo no había comprendido su mensaje, ella insistió: “sí, como una mujer de las de ¡adelante mi compañía!”. Suspiré y dando un sorbo a mi exquisito café, le expliqué que si bien se podían utilizar en este caso los términos “mujer de compañía” quedaba más poético expresarlo utilizando la palabra “soldado” o incluso “recluta”, aunque ésta última en los tiempos corrientes había ido perdiendo mucha de su vigencia…

Y LOS CONCEPTOS RELIGIOSOS

Pero mi niña ya ha vuelto al cole, donde se ha reencontrado con los eficientes profesores y con sus compañeros bien informados que me van a echar una mano en esto de educarla para la vida moderna. De hecho uno de los que más colaboran es su amigo del alma y de también seis años Moli Mola. A Moli Mola, como a ella, le crecen y se le reproducen los amiguitos imaginarios de la especie animal y por eso siempre, siempre juegan a Pokemon. Resulta que nosotros, los padres de niños tremendamente imaginativos que asisten a colegios tremendamente competitivos, tendemos a poner cara de disgusto cada vez que nos sueltan por el pasillo alguna marcianaza del tipo “cuidado mamá que vas a pisar a los cachorritos de Reina” (sobre todo porque en mi casa solo tenemos al gato Machín que siempre está tumbado y no se mueve nunca). Como los humanos adultos somos mucho más tontos que los humanos niños, estos dos especimenes nuestros han descubierto que jugar a Pokemon no solo es menos conflictivo, sino que tiene muchísimas ventajas, porque pueden imaginar infinidad de animalitos a cual más raro, con los nombres más inverosímiles que inventen, y a nosotros encima se nos pone cara de alivio en concepto de normalidad. En fin que ayer al volver del cole, yo pregunté como era su Pokémon del día, y ella recién regresada aun de sus vacaciones en la casa de los abuelos paternos, (muy píos y creyentes en la ley de dios y en la de Franco), me respondió desde un divino melange teológico: “es uno muy fuerte y malísimo que se llama “El cuerpo del pecado””.

Pero no es nada comparado con el momento en el que descubrió que entre nosotros los vivos cohabitan muchos muertos. A ella esta sabiduría le llegó cuando me preguntó por la localización del marido de mi abuela (en adelante Abuela Visa). Yo le dije la verdad, muy ceremoniosa, y bien preparada para el momento: "el Abuelo Visa está muerto". Ella me contestó que sí, que vale, pero que DÓNDE estaba. Yo recordé el jaleo que tuve de pequeña con aquello de que los que se mueren se van al cielo, y que cada vez que mis padres iban a un entierro yo les imaginaba en algún sitio parecido a un circo (¡hola Mónica!) con una cama elástica descomunal y al difunto intentando saltar cada vez más alto hasta perderse entre las nubes. Por lo que recurrí a la verdad más cierta al purito estilo National Geographic, tal y como había visto hacer a Annie Leivowitch explicando la ausencia de Susan Sontang a sus retoños:

(Yo) - “El abuelito visa se murió y le enterramos en la tierra dentro de un sitio especial para hacer esto que se llama cementerio”.
(Ella): - “¿Y por qué?”.
(Yo): (Muy pacientemente) – “Pues porque en la tierra hay unos bichitos y unos gusanos que poquito a poco van descomponiendo los cuerpos muertos, que son muy grandes y muy duros, para que así, en chiquitito, puedan servir de alimento para las plantas. De esta forma las plantas pueden crecer y hacerse grandes y alimentar a los conejitos y a las ovejas, para que luego nos alimenten a nosotros, y así cuando nosotros nos morimos de viejitos, y nos entierran, volvemos a la tierra para que crezca la hierba y alimenten a los conejitos… y todo el mundo esté en equilibrio” – Y oye, que me quedé más ancha que larga.

Mi niña me miraba, asentía, lo entendía todo. Y tanto lo entendió que estuvo días y días dibujando cementerios con enterrados bajo hierbas y conejitos que se las comían. Cuando le resumió sus nuevos conocimientos a mi padre, fue tan breve que solo le dijo que ya sabía que habíamos enterrado al Abuelito Visa para poder comérnoslo. Y entonces también pensé que quien inventó la milonga de lo del cielo ya sabía lo que hacía ya, y que sin duda era una madre de familia numerosa.

Ahora ya he conseguido que entienda que este es un secreto que no puede mencionar bajo ningún concepto en presencia de la Abuela Visa, pero empiezo a creer que debería considerar con toda seriedad reconvertirme en madre estándar antes de hacerle más daño en su infancia, porque si no, en cuanto crezca un poco, va a tener que dilapidar toda su paga en psicoanálisis.
Y además, el día menos pensado se va a presentar en nuestra casa la secreta con sabe dios que listados de cargos en mi contra y al precio que se han puesto los abogados...

10 comentarios:

Elly dijo...

jajajaajajajajaja

Ay Irma, lo que me río contigo...

Los niños como decía Serrat...esos locos bajitos...
Te juro que tienen una lógica aplastante y que más de una vez tendríamos que mirar la vida con sus ojos, nos la complicaríamos menos.

De todas formas, creo que lo estás haciendo muy bien con tu niña y que no es problema de tu ateismo y demás, sino de que a tu niña le faltan algunos datos, como tu misma dices, la vida y los demás, irán descubriéndolos.

Un besazo desde el país que no existe.
Elly

Elly dijo...

MENSAJE PA COSITA (Irma, dile cómo poner lo de los comentarios que los que no somos de blogger la podamos comentar, vale???)

Niñaaaaaa...he tenío que cojer aire pa poder leerlo...y poner a trabajar las neuronas pa entender mientras leía!! jajajaajajaja

Mi comunidad tampoco se queda corta, eh?? Nosotros tenemos en proyecto hacer una cena...lo llevamos diciendo desde hace tres años que inauguramos la vecindad, pero nada...

Hace dos semanas parecía que por fin sí, que ya tocaba, pero unos acontecimientos lo cambiaron todo...(también vino la poli pero no hubieron bajas jajajaajajajaaj).

Un besazo guapa!! pasaré a verte ya comentarte si me dejas!! jajajaja
Elly

Estrella dijo...

Irma, lo que me he reído con tu post!!! Estos niños son la leche, pero ya verás, en cuanto crezca y tenga más conocimiento de la vida, saldrán a relucir tus enseñanzas de buena madre.

Buenísimo lo del comentario de tu niña sobre "los amigos que se quedan a dormir en la cama de mamá", jajaja, imagino la cara de las madres de los otros niños del cole!!

Por cierto, yo también llevo con resignación lo de la
"vuelta al cole", que en mi caso es "empiezo el instituto" y no quiero ni echar cuentas sobre los euros invertidos en "equipamiento" (y lo que me queda)...

Besitos!!

Estrella dijo...

Por cierto, la de la foto eres tu?? La de la cervecilla, digo...

IRMA dijo...

Elly, cariño, insisto, no nos prives de tus vivencias comunitarias, con la gracia que tú tienes pa tus cosas, reina, cuéntanoslos, dinos para qué fue la poli si al final no se produjeron bajas ni nada (y altas?). Besitos, reina.

Estrella, lo tuyo si que es duro y no lo mío, que aun estoy en la primera fase. Yo estoy temblando por el momento ese en que mi niña tenga todos los datos y empiece a sumar dos más dos... en fin. Tomemos aire. Un besito corazón y te mando mis ánimos más solidarios, compañera.
(Ah, y sí, la de la foto es la menda disfrutando de una exquista cervecilla helada en Pastrana tras mi primer viajecito en moto, de ahí la carita de lela, que todavía estaba impresioná).

MONICA dijo...

Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del universo, un momento que jamás volverá... Y ¿qué es lo que enseñamos a nuestros hijos? Pues, les enseñamos que dos y dos son cuatro, que París es la capital de Francia.

¿Cuándo les enseñaremos, además, lo que son?

A cada uno de ellos deberíamos decirle: ¿Sabes lo que eres? Eres una maravilla. Eres único. Nunca antes ha habido ningún otro niño como tú. Con tus piernas, con tus brazos, con la habilidad de tus dedos, con tu manera de moverte.

Quizá llegues a ser un Shakespeare, un Miguel Ángel, un Beethoven. Tienes todas las capacidades. Sí, eres una maravilla. Y cuando crezcas, ¿serás capaz de hacer daño a otro que sea, como tú, una maravilla?

Debes esforzarte -como todos debemos esforzarnos- por hacer el mundo digno de sus hijos.


PAU CASALS

Dina dijo...

Nena, yo no puedo decirte nada, pq no soy madre, y como tú bien sabes, que ya lo hemos hablado, dudo que me toque a mi interpretar ese papel... así que no sé si lo estás haciendo bien o mal, pero seguro que tu niña estará muy orgullosa de su mami, tan sincera, tan progresista y moderna, con tanto talento y tan guapa... yo lo estaría !!!

Por cierto, dile a Cosita que no puedo comentarla... me pasa como a Elly, que como no soy blogger de vuestro barrio, pos no puedo decirla cositas !!
Ale, Cosita, arregla lo de tus comments y permite la integración y la globalización de los barrios blogueros... jajaja.

Y como no puedo comentar en su casa, utiliza la tuya Irma...
Cosita, guapa, me ha encantado tu ultimo post, las cosas del destino, eh ?? A mi me pasó exactamente igual, y akí estoy, viviendo con mi churri tan feliz !

Besitos a las dos.

coco dijo...

Me paso a dejar besitos (a cambio de los cafés que os robo)..

Os extraño

MUAKKK (en honor a mi Indya)

Ali dijo...

holaaaa! irma te leo desde antes de que te mudaras!!! si, si, si, me he chupado enteritos todos tus posts y te sigo desde la "terra" hasta la luna si hace falta!!!!jeje
Hay que ver que buen humor tienes, si es q con solo leerte se te alegra el dia! me encanta la gente tan positiva que te transmite esas energias y esas ganas de vivir pese a tener problemas como el resto de los mortales......Eres divina, no cambies nunca! Besillos!

IRMA dijo...

Jo, chicas, tengo el ego que no me cabe en la pantalla de 17 pulgadas apaisadas de mi ordenador. ¡Qué cositas me decís!:

Que si guapa, que si el talento, me dice mi Dina del alma (¿veis como el aprecio siempre condiciona la mirada?), un besito para tí, valiente.

Ali me dice que se ha leído todo lo que he escrito (eso sí me resulta admirable), que soy Divina ¡y que le alegro el día! (¡yo sí que me alegro de leerte decir eso!, qué verdadero honor). Es un placer Ali tener un huequito en tu País de las Maravillas.

Chicas mil gracias. De verdad, estoy emocionada.

Mónica gracias por el texto de Pau Casals. Como siempre oportuno, tan obvio y a la vez tan fácil de olvidar abrumados por lo trivial. Y siempre tan poético, como todo tu "Unhinged".

Coco, gracias por la visita. Mi abrazo doble para tí, para que quede también suficiente para Indya.