martes, 2 de octubre de 2007

ZOOTYCOM (O EL SENTIDO DE LA VIDA)

No es la primera vez que os comento lo ardua que resulta la tarea de educar a una hija (imagino que será igual de complejo tratándose de varones, pero como mi familia es un gineceo, desconozco esa experiencia y no voy a aventurarme a opinar. Yo siempre he dicho que si en vez de niña, mi descendencia hubiera sido niño, el machote estaría haciendo pis sentado hasta que su novia/o, le orientara sobre otras posibles opciones).

A mi niña procuro ilustrarla mintiendo lo menos posible, por la vía de lo difícil, sin echar mano de los utilísimos recursos del tipo “que viene el Coco”. Yo le explico la realidad de la manera más cruda y verosímil, y por ejemplo, le digo que si no se come la cena en hora, a mamá se le transforma el carácter como al increíble Hulk, y en comparación conmigo, el Coco parece una ovejita de Heidi. Por otro lado, mi heredera ha ido desarrollando un interés y curiosidad por el mundo conforme a lo previsto en los casos de infancia, solo que en su caso demasiado inclinado, cual Titanic sobre su popa, hacia la parte onírica sin pisar más que lo inevitable por la parte de la realidad. Por ello, y haciendo caso a las recomendaciones de su colegio, cuando me plantee realizar cierta inversión en televisión digital me incliné por la opción Documentales desestimando otras opciones como por ejemplo la de Disney Chanel, porque si algo aporta realidad de la buena a la educación, son los National Geographic y aledaños. Gracias a eso, mi niña tiene perfectamente interiorizado que nosotros al igual que todos los otros seres vivos, nacemos, crecemos, nos apareamos, parimos, menguamos y finalmente, morimos y se nos comen como a cualquier otro pollo de la naturaleza. Y como este proceso no le parece nada trágico ni anormal, pues yo respiro y me quedo tan tranquila. Hasta este fin de semana pasado.

Porque resulta que mi niña, como todos los niños, no padece cuando se comen su verdura pero se mosquea que te cagas si alguien le roncha las chucherías.

Mi abuela, la matriarca de mi familia, está de visita en Madrid, altura casa de mi madre. Ella es una mujer de carácter que supera los ochenta años con una energía y una salud que resultan formidables, y ambas dos resultan tan evidentes, que si mañana mismo acudiera a una caja de ahorros a solicitar una hipoteca, yo estoy segura de que se la concederían por el plazo mínimo de treinta y cinco años (que son más años de los que me han querido conceder a mi, dicho sea de paso). Por si acaso y por prudencia, regularmente, visita al médico de cabecera de la seguridad social para descartar futuros posibles achaques y atajarles antes incluso de que empiecen a manifestarse. Hasta la fecha, el médico siempre ha venido a confirmar (afortunadamente), que ella está como una rosa, pero si por alguna razón la respuesta del galeno no le parece lo suficientemente convincente, ella no se queda con la duda, y se nos viene a la capital para consultar una segunda opinión de otro especialista, este ya sí de pago. Y es que la salud es lo primero, y mi abuela una mujer muy bien organizada y previsora. Ella vive en su casa, a ciento y pico kilómetros de las nuestras y sola desde que el abuelo visa nos dejó y volvió al ciclo de la naturaleza como bien sabéis… Aunque ella sigue encontrándose muy sana y oronda, y se siente muy capaz, está empezando a pensar que tal vez no siempre vaya a ser así (algo que los demás ni imaginamos, la verdad), y por eso mismo ha empezado a barajar algunas posibilidades de futuro mucho más cómodas y relajadas que la de vivir lejos de su familia sometida a cualquier incertidumbre de la edad y del futuro.

La primera opción que todos sugerimos, puestos en esta tesitura, fue la de contratar servicio doméstico interno especializado, que nos parecía a nosotros muy adecuado porque presenta la inmensa ventaja de no tener que moverse de su casa. Pero ella con muy buen criterio y sentido común, lo desestimó antes incluso de que nadie terminara de enunciar la idea, advirtiéndonos de que si bien a ella le gustó mucho muchísimo vivir con el abuelo, en faltando él ya solo quiere vivir solita y sin tener que compartir piso con nadie como si fuera una estudiante, que a ella lo que la gusta es mandar en su casa, y no que venga nadie y le mande. Sin mucho esfuerzo, todos conseguimos visualizar la dificultad de pervivencia del posible ecosistema que forzábamos y descartamos la opción a la vez que empezamos a excluir también otras opciones como la de vivir acogida en la casa de cualquiera de los familiares descendentes que somos, porque además y para qué mentir, hemos salido un poco pendones y paramos bien poquito en nuestras casas. Y porque todas hemos heredado esos mismos genes independientes de la abuela, de “cada uno en su casa, y dios en la que quiera, pero que ni se le ocurra en la mía”. Es cierto que podría arder Troya.

Así que ella sola, decidió estudiar la posibilidad para el futuro de alojarse en un área residencial, también llamado “Residencia de las Nuevas y de las Modernas”. Y más concretamente en una que incluye apartamentos individuales, peluquería, cine y como no, asistencia médica de la privada (y así tendría la segunda opinión que es la buena directamente y sin tener que pasar por el engorroso trámite de la primera…). La residencia en cuestión es tan requetebuena que ofrece hasta re-estrenos de cine con asistencia de estrellas de relumbrón (sin exagerar: a la proyección de la película “Un lugar en el Mundo” asistió ni más ni menos que Federico Lupi brindándose a participar en una tertulia posterior donde dio respuesta a todas curiosidades que se planteó entre el concurrente, especialmente entre el femenino. Y el gran cómico patrio Jesús Caldera, también eligió este inigualable marco para presentar ante los medios nacionales su filme estrella “La Ley de Dependencia”). La verdad es que a todos nos ha parecido una solución magnífica porque, qué narices, ya que los humanos estamos empeñados en mantenernos vivos a toda costa hasta edades impensables, que por lo menos sea bien, cómodamente, con dignidad y mejor que mejor si además puede ser con algún lujillo y a cuerpo de reina. Y para más INRI esta residencia queda justito justito pegando con el colegio de mi hija y por lo tanto también a un tiro de piedra en Luisi de mi propia casa. Más a huevo es imposible.

Así que tras hacer las gestiones y concertar una visita guiada, este viernes pasado mis padres, abuela y churumbela se adentraron en el sin par mundo de la residencia de lujo (lo de mi churumbela fue por aprovechar la regla de tres esa que dice que si el Pisuerga pasa por Valladolid, pues que aproveche y recoja a mi niña del cole ese que cae justo pegando).

Mis familiares adultos, evidentemente se llevaron una gratísima impresión y a mi abuela se le veía muy excitada y animada con la idea. Mi familiar infante se llevó la impresión de que todos los que allí vivían eran viejos y que qué pintaba la abuela visa con ellos. La abuela visa, con ternura, vino a explicarla que es que ella también es ya mayor, y que ese era un sitio muy bueno para que viviera la gente de su edad. Y mi niña lo aceptó sin más cuestiones igual que acepta que el águila rapaz se come al lemur de cola rayada cría porque también tiene derecho a alimentarse.

Con esto vengo a demostrar el soberbio y exquisito trabajo de educación para la vida que yo estoy haciendo con mi niña. Ahora, lo que me he dado cuenta este fin de semana es que a mi niña tengo que empezar a trabajarla también el área de la escala de valores y de las preferencias. A desarrollar su desarrollada sensibilidad hacia el área de lo afectivo y no solo de lo posesivo. Y me explico.

Mi Cosita del Alma, vecina de blog que tiene su estancia aquí al ladito en un apartamento llamado “Historias Luceras”, es una gladiadora del hogar que gladia con su pluscuamperfecto Lucero del Alba: un santo al que todas adoramos y que viaja muchísimo como buen lucero que es, mientras se queda ella sola al frente de su prole consistente en una niña estable y bien educada y en un niño estable, adolescente y pese a todo también bien educado y, eso sí, pelín marcianillo como mi hija en lo de la pasión por la fauna. Y todo ello lo hace de manera eficaz y coordinada manteniendo un matrimonio y una familia muy feliz y muy unida. Total nada.

Bueno, pues hace un par de semanas mi niña y yo fuimos de visita a su casa a hacer jornada de chicas, aprovechando que los luceros estaban luciendo por los afueras de Madrid, altura Murcia (hola Elly…). El niño, que aun siendo adolescente es un cielazo, le regaló a mi niña un montón de animalitos de plástico que han superpoblado su habitación y se están reproduciendo sin control en sitios tan insospechados como el interior de mis zapatillas de estar en casa. Y aquí viene lo peligroso: le regaló también un CD Rom con un juego para el ordenador llamado ZOOTYCOM que es algo así como los SIMS pero en versión animales.

Desde entonces mi vida no ha vuelto a ser la misma, Cosita, ya te lo digo yo. Para empezar conseguí instalarlo en el ordenador a la primera, yo sola y sin ayuda ni experta ni inexperta, y esto me proporcionó un verdadero subidón. Pero también es cierto que desde entonces mi pantalla se ha quedado configurada a 16 bits con los colores primarios de la paleta y un tamaño de iconos de la friolera de tres cuadrados de resolución (porque a mi que no me digan que eso son pixels), y no he conseguido cambiarlo de ninguna manera. Vaya, que ahora mismo estoy escribiendo sobre un portátil fashion color blanco y acero con la misma resolución de un Comodore de los ochenta. Y esto si que me produce a mi un bajón.

Pero ni siquiera eso tiene importancia. Lo que de verdad me está empezando a tocar las narices, es que no consigo jugar ni tres segundos siquiera sin que las autoridades del juego me cierren el zoo por lo malísimamente que tengo cuidados a los visitantes y a los bichos. Y eso es algo que yo no entiendo. Veamos: yo abro el juego, selecciono un terreno, siempre pequeñito, liso y cuajadito de césped. Contrato algunas instalaciones básicas (hamburgueserías, máquinas de bebidas, WCs, bancos para sentarse…), contrato a unos cuantos guías, controladores y personales de mantenimiento pagándoles muy buenos sueldos, reservo partidas suculentas para inversión y desarrollo, y me lío a levantar instalaciones, con su hierbita de la sabana, sus baobabs y acacias espinosas. Cuando tengo todo eso hecho, compro un par de jirafas y de cebras, y hala, a vivir ahí dentro. No llevan ni dos segundos en su parcela, y ya están los bichos mosqueados, con unos smileys o emoticones de color rojo grana con cara de mosqueo que les crece justo encima de las cabezas, y empiezan a crecerme mensajitos en la parte alta de la pantalla que dicen “la Cebra 1 no está nada contenta, la Jirafa 1 no está nada contenta, la Cebra 2 no está nada contenta…”. Sin embargo el Inti, por ejemplo, llega, pone una cerca a un cacho de césped artificial, planta una cebra y le dan un premio de no se cuantos millones para comprar más animales. Pues no señor, no me parece nada bien ni nada justo.

Así que el viernes pasado cambié de estrategia y me aventuré con otro tipo de animales, dado que los herbívoros de la sabana me tienen manía. Haciendo caso a los ruegos de mi niña, planté un terreno rocoso vallado, con sus coníferas y árboles de hoja perenne para que vivieran dentro unos lobos, que son unos bichos que vete a saber por qué, a mi hija le encantan. El problema vino al intentar hacerlo sin llevar las gafas puestas, porque yo sin esa ortopedia me bandeo con muy poca vista. Cuando el terrenito estaba hecho, me fui a la parte animales y seleccioné un lobo macho. Hasta ahí bien. Luego hice clic en el icono de hembra, y me fui con el ratón a hacer clic en la micro loba dibujada en la micro ventanilla, y ¿qué paso?, pues que me equivoqué y que en vez de comprar la dichosa loba, fui y compré una muflona. Bueno, pues yo no sé si habéis visto vosotros los capítulos de “El Hombre y la Tierra” de Félix Rodríguez de la Fuente, altura lobo y muflón, pero para los que os perdisteis ese capítulo, os diré que el muflón viene a ser algo así como el caviar iraní para el exquisito lobo. Según metí a la muflona en el recinto, al lobo le creció un emoticón verde y sonriente superfeliz y en éxtasis que yo desde luego no había visto en mi ordenador hasta el momento y a la vez, a la muflona le salió uno rojo que ocupaba el ordenador entero, mientras aparecía un mensaje en mayúsculas, en rojo y bien grande y parpadeante que decía “¡EL MUFLÓN 1 NO ESTÁ NADA CONTENTO, EL MUFLÓN 1 NO ESTÁ NADA CONTENTO!...”. Antes de que pudiera mover el cursor, el lobo se abalanzó sobre la cabra emitiendo fieros rugidos y se la comió de un único boca’o. Todo ante los ojillos alucinados de mi niña, que solo pudo decir “¡pero mamá!, ¡que se la ha comido…!” y luego se puso a llorar. Porque claro, una cosa es que el lobo o el animal que sea, se coma el muflón o el animal que sea de National Geográphic, que después de todo no son suyos, que son de la tele y otra que SU lobo se coma a SU muflón. ¡Pedazo de disgusto!. Obvia y nuevamente, me cerraron el zoo ipsofacto y se acabó el juego.

Bueno, pues a pesar de esto, hasta aquí todo me pareció normal, incluso el medio soponcio de mi niña. Sin embargo ayer, a altura cena, ella comía sopa y yo hacía ganchillo (sí, la famosa colcha que empecé en la gala de las misses) mientras veíamos un capitulillo de Spiderman en el canal gratuito Jetix. Ella, masticando fideos y sorbiendo caldo, me preguntó si yo le podía enseñar a hacer eso que estaba haciendo yo, y yo, en pleno domingo acabado, con la galbana del día aun colgando, me sacudí la tarea malamente y le dije, que no, que muchísimo mejor que le enseñara la abuela visa que fue quien me enseñó a mi cuando tenía la misma edad de mi niña. Mi retoño, con toda frialdad, sin dejar de masticar fideos, ni sorber caldo, ni retirar los ojillos de Spiderman, me dijo que no le parecía buena idea, que la abuela visa es viejita y se va a morir pronto, y que no cree que le dé tiempo. Se hizo el silencio en mi casa, y hasta el propio Spiderman casi se cae de una cornisa por la impresión. Tan solo se oía el clic clic del ratón del Inti, aceptando las donaciones y premios para su zoo, porque la verdad es que él fue el único que ni se inmutó.

Yo tragué saliva, y con un hilillo de voz expliqué que de eso nada, que buena es la abuela visa, y que ya va a ver ella como en el futuro nos entierra a todas. Pero mi niña estaba con su idea fija y me dijo que sí, que vale, pero que casi mejor la enseñara yo.

Por si acaso, y un poco acongojada, cuando mi niña ya estaba en la cama y mientras le daba su besito de buenas noches, le mencioné lo rico que le había resultado el muflón al lobo, para ver si es que lo de la frialdad y la crueldad esas que otorgan en los niños era algo general y del día, y no algo aplicable tan solo a lo que se refiere a su familia, pero mi gozo se cayó definitivamente al pozo en cuanto mi niña me soltó otro “¡jo, pero mamá…!” y retuvo un pucherito. Visto lo visto no me atrevía a comentarla que yo también puedo morirme en cualquier momento, por si acaso me dice que sí que vale, pero que para reyes quiere otro muflón nuevo.

En fin, no sé, que creo yo que se me ha vuelto a ir la mano.

4 comentarios:

BACCI dijo...

Jo Irma, también pasé una época con los Sims, por suerte, los amigos de mi por aquel entonces novio, me lo instalaron (pirata por supuesto) con mil trampas y trucos para tener más dinero. Yo de tí le pediria esos accesorios indispensables para jugar media hora seguida a cosito.

Por el momento a mi niño sólo le puedo enseñar palabras: "esto?" me pregunta señalando las cosas, yo le digo como se llaman y él lo repite tan contento. Pero parece q también se le quedan otras cosas. Ayer en el parque un niño se estaba portando mal y el mío se va hasta allí y le dice "porta bien o mi mamá se fada" (traducción "se enfada")

besotes

Anónimo dijo...

Irma, si es que los niños son una caja de sorpresas!! Con que al lobo le salió un emoticón verde contento, no? jajajaja, no es para menos, desde luego, si te veo jugando al jueguecito ese es que me parto de la risa!! Es que eres tremenda!!

Un beso, corazón!!

Anónimo dijo...

Irma,
Pintaba muy bien pero se me ha hecho largo y no lo acabe. Lo siento porque escribes de una forma magistral... y te leo con gusto pero esta vez como en algunos otros casos me costó demasiado.
Sintetiza y sería mi escritora perfecta... por ello decidí comentar...
Espero no te molesten mis palabras... pero te sigo leyendo desde Terra y me gustas mucho...
José B.

IRMA dijo...

Hola Bacci, yo creo que lo básico son cuatro conceptos y lo demás accesorio. Que tu niño ya sepa que lo peor que puede pasar en el mundo es que "mamá se fada" es de los mejores.

Estrella, un besito reina, de momento no he vuelto a matar ningún animalito...

José B, mil gracias por tu comentario y por leerme. Sí es cierto que tengo un serio problema con mi capacidad de síntesis, pero estoy en ello, de verdad que estoy en ello. También besitos.